Cine Raro.com

Manifestación de
Voces Contra el Terrorismo

Acompañamos a las víctimas de la ETA en la Plaza de la República Dominicana, Madrid

Sergio Sepúlveda Fonseca



Sábado de puente en Madrid. Salgo del vagón de Metro uniéndome en el andén a una multitud ordenada, uniforme en su vestir convencional y correcto. Estos manifestantes no llevan rastas ni camisetas de tirantes. No componen una muchedumbre molesta, tampoco producen desconfianza, al contrario, agrada caminar entre ellos, una sensación de seguridad convence de que nada malo puede suceder, ni cargas policiales ni avalanchas ni cualquier incidente peligroso propio de las grandes concentraciones.

Felipe Alcaraz llora rodeado de otras víctimas del terrorismo sosteniendo las fotografas de sus familiares asesinados por la ETA

Felipe Alcaraz llora rodeado de otras víctimas, sosteniendo todos las fotografías de familiares asesinados por la ETA


Al salir al exterior un ayudante de la organización ubica a los recién llegados para repartirnos por la calzada de la Avenida y que no colapsemos la acera. El gentío ocupa unos 350 metros de la calle Príncipe de Vergara desde la Plaza de la República Dominicana, donde está montado el escenario, hacia el sur. El sol baña el aire seco de la capital calentando las espaldas de los asistentes al acto. La edad predominante es alta, la mayoría de las personas son abuelos, y el resto supera los 35 años. Hay unos cuantos niños y casi ningún adolescente o joven.

Abundan las banderas españolas, es el emblema de la manifestación porque el terrorismo de la ETA se dirige contra los españoles, vascos, castellanos... contra España.
Parece un partido de la selección española durante el Mundial o la Eurocopa pero sin adolescentes, sin pintura, sin vasos de plástico ni basura por el suelo, sin tatuajes, tops, tangas y sobre todo sin molestias. banderas españolasHay unas pocas banderas navarras y alguna ikurriña en los paraguas que hoy son sombrillas. Ninguna bandera con el águila de San Juan usado por los Reyes Católicos y adoptada por Franco. Muchas fotos de las víctimas, sobre todo de niños, impresas en pequeñas pancartas.

Desde el pequeño escenario habla una mujer, Toñi Santiago, madre de Silvia Martínez Santiago, la niña de 6 años asesinada en el Cuartel de la Guardia CIvil de Santa Pola el 4 de agosto de 2002: relata como vivio la muerte de su hija. Mientras lo hace, algunos de los manifestantes gritan en solitario "¡ASESINOS!... ¡HIJOS DE PUTA!... ¡JUSTICIA!", éste último grito es el más coreado durante la concentración. Pero el ambiente no es de odio sino de emoción; Toñi Santiago se detiene para llorar, no puede seguir leyendo su discurso. Los asistentes al acto la animan con un aplauso.

Tres integrantes de la VCT van pasando unas huchas como las de la Cruz Roja. No tienen que pedir ni insistir, los asistentes se acercan ordenadamente a introducir sus monedas en la hucha. También cae algún billete. La hucha pesa mucho, está a rebosar y las tres no-postulantes hacen un descanso para fumar un cigarro.

En un momento del acto se canta el himno “La muerte no es el final”. Fue compuesto por un sacerdote cristiano hace años y adoptado más tarde por un general del ejército para los funerales de los caídos por la patria en acto de servicio.

Porque las víctimas no murieron a causa de cualquier clase de violencia irracional sino a causa del propósito criminal racionalmente calculado por la ETA para amedrentar a toda España y conseguir sus fines políticos: mataron inocentes para conseguir el poder.

Tras la intervención de Joaquín Alcaraz suena el himno de España para poner fin al acto. Una gran ovación y vivas a España antes de disolvernos ordenadamente, una masa conjuntada con una idea común, la de defender a España exigiendo justicia para las víctimas del terrorismo etarra. No veo odio, resentimiento ni revanchismo, solo dolor, solidaridad con las víctimas compatriotas, anhelo de justicia y la voluntad firme de no parar hasta conseguirla.